domingo, 6 de abril de 2008

El bebé ciego o deficiente visual grave

El bebé ciego o deficiente visual grave.

Cuando el bebé llega al mundo sin visión o con una deficiencia visual grave los padres demandan información medica del problema que presenta su hijo y de como afectará a su vida futura. Tendrán que soportar unos meses de exámenes médicos, incluso intervenciones quirúrgicas antes de tener un diagnóstico definitivo. Cuando el diagnóstico es definitivo (su hijo nunca tendrá una visión normal ), suelen sumirse en un estado de desánimo creyendo que no podrán hacer nada para que se desarrolle normalmente.

La mayor cantidad de información llega al ser humano a través del sentido de la vista, directa o indirectamente y cuando el bebé nace privado de visión no puede acceder a la estimulación luminosa ni tampoco a la que le proporciona el espacio inmediato. El bebé ciego no estimulado recibirá mucha menos información que el bebé vidente, y sus experiencias serán menos variadas, tendrá dificultades para explorar su entorno, para aprender a través de la imitación y para establecer relaciones con los objetos y las demás personas.

“ Un niño ciego tiene unas peculiaridades específicas y unos handicaps innegables respecto al vidente. Pero se trata - a menos que haya otros problemas añadidos - de una persona como las demás, con un aparato psíquico similar, pero que representa el mundo de una forma cualitativamente diferente y que, por tanto, adapta su evolución a la información sensorial de que dispone.

Los educadores que han comprobado que los niños ciegos siguen un desarrollo paralelo al de otros niños videntes, parten de unas ideas básicas para afrontar la educación de los niños deficientes visuales desde los primeros meses de vida:

1) El organismo posee otras vías sensoriales ( olfativas, táctiles, auditivas ) que, adecuadamente estimuladas, pueden compensar en gran medida la falta de visión, de manera que no se altere seriamente el sistema evolutivo general.

2) Hay que conocer el desarrollo evolutivo del bebé sin problemas de visión. De esta forma podremos comprender más fácilmente las dificultades con las que se encuentra el bebé deficiente visual para desarrollar determinados aprendizajes.

3) Hay que saber todo lo posible sobre la enfermedad visual y el diagnóstico oftalmológico, su origen, evolución y pronóstico. Es muy importante conocer si el bebé tiene o no restos visuales, así como si presenta o no deficiencias asociadas.

4) El desarrollo del bebé ciego no es el mismo que el del bebé deficiente visual grave que posee restos visuales. Esto es muy importante a la hora de establecer las actividades del programa de atención temprana, ya que no se pueden considerar las alteraciones visuales en el mismo plano que la carencia total de visión.

5) Hay que estimular los restos visuales del bebé, por muy pequeños que estos puedan parecernos, porque la capacidad de ver no es innata ni automática: Se desarrolla con el uso.

6) Un bebé ciego que no recibe ningún tipo de información intencional, es más pasivo porque no puede atender a los estímulos visuales ni alcanzar los objetos que le rodean. El bebé no posee los instrumentos que le permiten reaccionar.

El desarrollo de sus capacidades auditivas y táctil tampoco son innatas y se tienen que desarrollar mediante el aprendizaje.

7) El lenguaje es un instrumento de información fundamental para el niño ciego desde los primeros momentos, sobre todo cuando no es posible mantener un contacto táctil ( objetos lejanos, personas, espacios, acontecimientos, etc. ).

Partiendo de estas ideas, los profesionales que elaboran y llevan adelante los programas de atención temprana necesitan conocer cuales son las necesidades que conlleva el déficit visual en cada caso.